Quetzalcoatl esperó que callaran los pájaros, ya subida la aurora, y comenzó así: -Sobre el derrumbe de la noche ya el día empieza a levantar sus muros de dorado adobe, ¡oh hermanos en Tonatiuh!, y con la brisa llega el temblor de las últimas estrellas y el lejano gorjeo del cenzontle.
Raíz sois, ¡oh hermanos!, de la voz que florece en mí, de las palabras donde pesa lo inefable del balbuceo de la tierra, el conjuro de los cielos y el canto del espíritu.
Yo soy el que invoca y anuncia, fundador de horizontes en la patria de la vida. ¡No dejéis que mis palabras pasen por vuestras almas como el viento a través de las mallas de las tendidas redes...!